"La gente no tiene DRP porque dicen que en su ciudad no hay tormentas de nieve, eléctricas, tornados o terremotos, pero un desastre puede ser cualquier cosa que cause una interrupción del negocio: accidentes, errores humanos y de equipo, ataques de hackers, huelgas, fallas de infraestructura, etcétera", precisó Soto.
El costo de una interrupción puede ser muy alto, añadió, depende de cuánto tiempo dure, la frecuencia, el riesgo y la velocidad con que se resuelva. "Todos preguntan por cuánto cuesta, pero yo preguntaría cuánto cuesta su seguro de vida", continuó.
El tiempo que debe tomar responder debe ser de segundos en caso de estar en riesgo la vida y seguridad, minutos cuando son transacciones de alto valor, horas para servicios y días cuando se trata de perder mercado y presencia.
"En el sector financiero, DRP y BCP (Business Continuity Plan) es la quinta entre las primeras iniciativas de tecnología, en un sector donde se destina mucho dinero al tema y no es la primera prioridad. En el mercado de telecomunicaciones el 46% tienen una estrategia DRP para sus funciones críticas, pero sólo el 2% hace pruebas constantes", advirtió Soto.
Para que tenga éxito, añadió Antonio Quiñones, director de Integridata, un factor crítico para que la estrategia DRP tenga éxito, se requiere la participación activa de la dirección general. "El apoyo de la dirección es relativamente proporcional a los recursos asignados. Por más que digan que cuentas con su apoyo, sin recursos no existe tal cosa."
Quiñones agregó que la situación del dinero destinado a DRP ha mejorado. "En 2001 y antes se invertía entre el 2% y 4% del presupuesto IT. Hoy anda entre el 3% y 5% con proyectos que realmente funcionan", dijo.
"El reto –puntualizó Peggy Soto– es proveer continuidad a los procesos de negocios sensitivos en el tiempo para la organización, la necesidad de identificar esos procesos y establecer las metas para minimizar el daño y las pérdidas. La continuidad implica enfocarse a lo crítico", finalizó.